Dejemos de adivinar la fertilidad

  • 28 febrero, 2019

Es bien sabido que existe una vieja práctica de hacer «las cuentas». Loca me quedé en una conversación, no muy lejana, donde una madre ya mayor mal aconsejaba a una más joven que estaba un poco agobiada con el tema (tenía más de 3 hijos): «Pero si es muy fácil, cuentas 10 días desde la regla, una semana sin relaciones, y luego otra vez relaciones». Os podéis imaginar lo que pasó meses más tarde.

Sucede algo parecido con algunas tecnologías que se basan en hacer estadísticas de ciclos (y en nada más). Desde los años 80 han ido surgiendo diferentes aparatos electrónicos basados en un simple cálculo de la temperatura y de la duración de los ciclos. Se caracterizan por tentar a la mujer prometiéndole la capacidad mágica de reconocer su fertilidad gracias a las estadísticas o duraciones de los ciclos.

¿Realmente son útiles este tipo de «aparatos» que pronostican una fecha fabulosa de la próxima ovulación?

Pienso que no mucho. Porque la fertilidad nunca se predice haciendo cálculos. Quizá la comodidad sea lo único positivo en todo esto, pero la eficacia práctica real muy poca.

El Método del Calendario, mundialmente utilizado, nació como tal en los años 20 y desde entonces ha ido dejando una gran estela. Erróneamente es la portada de los Métodos Naturales en muchos ambientes, siendo un mal cobijo de la Planificación Familiar Natural por su baja eficacia e inestabilidad frente a cualquier cambio de los ciclos femeninos. Esto lleva a gran confusión y a una mala información sobre la eficacia práctica que tienen otros métodos científicos modernos (por ejemplo el Método Sintotérmico o el Método de la Ovulación Billings).

De cara a la fertilidad de la pareja, las tecnologías basadas únicamente en el cálculo nunca podrán mostrar a la mujer con seguridad el comienzo de su fase fértil que empieza siempre días previos a la ovulación. Esto quizá no suponga mucho inconveniente para quien desee el embarazo, porque antes o después es posible que lo que dice el aparato coincida con la realidad. Sin embargo, supone un problema para quien las utiliza si su deseo es evitar el embarazo.

Antes que dejar la fertilidad en manos de una futurible e incierta fertilidad, ¿acaso no tiene más sentido que la mujer rechace esos falsos pronósticos y aprenda a anticiparse a cualquier acontecimiento imprevisto? Y esto sólo lo consigue reconociendo en sí misma, todos los días, los indicadores biológicos de fertilidad (secreción, temperatura y cambios en el cérvix) para saber si “hoy soy fértil” u “hoy no soy fértil”. No podemos perder de vista que nuestro cuerpo está continuamente expuesto a lo inesperado, y que el ciclo femenino nunca se predice, se sigue.

Ninguna máquina podrá adquirir la habilidad de la mujer en desechar por ejemplo temperaturas no válidas por falta de sueño, por cambio de hora, por fiebre o por una ingesta de alcohol la noche anterior. Y muchas otras situaciones en que la mujer al haber aprendido, sabe interpretar su fertilidad y se da cuenta de que su curva presenta una anomalía, su ciclo pasa por un estado de estrés, o que simplemente su patrón mucoso sufre cambios, y no pasa nada, porque es perfectamente capaz de entenderlos.

Por favor, mujeres, conoceros bien. La fertilidad nunca se puede predecir, ¡la fertilidad se aprende y se sigue! Nuestro cuerpo está continuamente expuesto a lo inesperado. Conocer es poder.

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