Espina bífida y alimentación

  • 5 agosto, 2019

La espina bífida es un trastorno que ocurre dentro del útero y está presente al momento de nacer. El significado literal de espina bífida es “espina dividida”. Este problema ocurre cuando la columna del bebé en desarrollo se forma erróneamente, lo que da como resultado una hendidura o grieta en la columna. La médula espinal y la columna vertebral son parte del tubo neural, el cual comienza a desarrollarse dos o tres semanas después de la concepción.

 

Muchos bebés nacidos con espina bífida padecen también de hidrocefalia (agua en el cerebro) debido a anormalidades en la estructura física del cerebro, que impiden el drenado apropiado del líquido cefalorraquídeo.

 

Hace 30 años la mayoría de los bebés que nacían con defectos en el tubo neural morían, pero en la actualidad los nuevos tratamientos médicos y quirúrgicos han aumentado su esperanza de vida.

 

Las mujeres pueden reducir el riesgo de que sus hijos desarrollen este trastorno tomando diariamente complementos de ácido fólico y consumiendo alimentos que contienen folato. Se denomina folato y ácido fólico a una importante vitamina del complejo B, la cual, junto con la vitamina B12, forma las células sanguíneas.

 

El período crítico en el que las mujeres deben asegurarse de consumir las cantidades suficientes de folato comienza justo antes de la concepción y se extiende durante los tres primeros meses de embarazo. Por lo que, la mujer que busca concebir, debería empezar a tomar un complemento diario de ácido fólico.

 

Las mujeres que han tenido un hijo con defectos del tubo neural tienen 0,03% de probabilidades de tener otro igual.

 

Las razones por las que en ocasiones se desarrollan incorrectamente no se conocen con claridad, pero se cree que influyen factores dietéticos, genéticos y ambientales.

 

Se ha demostrado que el riesgo de tener un hijo con estos defectos se reduce de manera importante incluyendo en la dieta complementos de ácido fólico a partir del primer (con preferencia el tercer) mes previo a la concepción hasta la semana 12 de embarazo.

 

Son alimentos ricos en folato: coles de bruselas, brócoli, coliflor, verduras de hoja verde, huevos, extracto de levadura, legumbres (garbanzos, lentejas, alubias, guisantes), arroz integral, semilla de soja, germen de trigo, salvado de trigo, cebada, frutos secos, endibias, semillas, cereales y pan enriquecidos con ácido fólico.

 

En la actualidad se recomienda a las embarazadas evitar el consumo de complementos de vitamina A, demasiado hígado, paté o salchichas de hígado, ya que a pesar de contener muchos nutrientes valiosos como folato y hierro, éste contiene grandes cantidades de vitamina A, la cual, además de la vitamina A de la dieta normal, puede producir una sobredosis y dañar al feto. El exceso de vitamina A se acumula debido a que es soluble en grasas y no es posible eliminarla a través de la orina, sino que se almacena en el hígado, principalmente.

 

Susana Choya Lobo

Nutricionista y Técnico Superior en Nutrición Materno Infantil

Colaboradora de Letyourselves

 

 

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